La brújula dice por ahí

La brújula dice que es por ahí, pero no dice nada más. Es lo que me pasa cuando empiezo un nuevo proyecto pro­pio. Primero aparece la necesi­dad, que es como la necesi­dad de comer o dormir. La difer­en­cia es que es una necesi­dad sin nom­bre, que tiene que ver con el hacer. Es como nave­gar en medio de una niebla espesa, donde de repente la aguja de la brújula se clava en un norte invis­i­ble y no hay otra que ir a explorar.

Durante más de dos años tra­bajé en Fab­ri­cantes de Mun­dos, mi primer doc­u­men­tal. Muchas veces me pre­gunté sobre la util­i­dad de obse­sion­arse con con­tar la his­to­ria de otro u otros. Nunca llego a respues­tas que me ter­mi­nen de tran­quil­izar. Como seres humanos, con­tar nues­tra his­to­ria, trans­for­marnos en relato a ser com­par­tido es parte de quienes somos. Y, entonces, tam­bién somos memo­ria, de lo que fuimos, lo que somos, lo que ser­e­mos. Supongo que en algún punto de todo eso entro yo. Sábato decía que por más que uno quiera, no puede escapar del todo a las obsesiones…

Hace un par de años leí una gacetilla de prensa sobre un actor itin­er­ante que anun­ciaba su próxma gira por el país. Pro­puse una nota por aquel entonces en alguno de los medios para los que escribo y como no hubo respuesta, la idea quedó ahí. Dos años antes de esos dos años, un actor argentino recien­te­mente regre­sado de España me con­taba de sus orí­genes como actor trashu­mante. Evi­den­te­mente, algo tiraba por ese lado.

Cuando el direc­tor alemán Werner Her­zog filmó Fitz­car­raldo… Fitz­car­raldo fue un tipo com­ple­ta­mente lunático, fanático de la ópera, que en medio de la ama­zo­nia peru­ana buscó de man­era demen­cial la forma de unir dos ríos por cues­tiones com­er­ciales (tam­bién quiso con­struir un teatro de ópera en Iqui­tos). A Her­zog le fasci­nan per­son­ajes como Fitz­car­raldo. A Her­zog, en real­i­dad, le fasci­nan muchas cosas. Her­zog, de hecho, tam­bién está bas­tante loco y es autor de la frase “bajaría a los infier­nos para arran­carle una película al mis­mísimo dia­blo si fuera nece­sario”. En el rodaje de Fitz­car­raldo, en deter­mi­nado momento, los rápi­dos arras­traron el barco del pro­tag­o­nista más allá de lo pre­visto. El río gol­peaba la enorme nave con­tra las rocas y la pate­aba de una orilla a la otra. Her­zog siguió fil­mando. Eso es mi 2014.

Este ver­ano donde las calles parecían licuarse por el calor, final­mente entre­visté al actor itin­er­ante, que además es direc­tor, guion­ista, músico y mago. La brújula volvió a clavarse, sin decir nada más, y even­tual­mente tuve que darle bola y empezar a caminar.

En la primera charla que tuvi­mos con el pro­tag­o­nista, le dije cuál era mi impre­sión: el teatro, la actuación, es una excusa, el vehículo, la his­to­ria es el viaje.

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