Entrevista Rodolfo Cesatti, documentalista: Putos Peronistas. 1ra Parte

Peri­odista, cámara y edi­ción: Diego Braude

Cámara: Canon Vixia HF S10

Putos, pobres y per­o­nistas… triple estigma. En La Matanza comenzó allá por el 2007 un proyecto que ahora alcanza diver­sos pun­tos de la Argentina: la Agru­pación Nacional Putos Peronistas.

Rodolfo Cesatti, peri­odista y doc­u­men­tal­ista, había encon­trado infor­ma­ción sobre el Frente de Lib­eración Homo­sex­ual, con pres­en­cia a comien­zos de los ’70. Ese movimiento fue even­tual­mente invis­i­bi­lizado en la his­to­ria. Al enter­arse de esta nueva agru­pación decidió, como doc­u­men­tal­ista, hacer lo posi­ble para que no volviera a ocur­rir lo mismo.

Aquel día del debate de la Ley de Mat­ri­mo­nio Igual­i­tario (tér­mino que ter­minó estable­cién­dose para muchos en esta lucha de con­cep­tos que var­ios siguen pen­sando, a mi enten­der errónea­mente, que es infan­til y super­fi­cial), vi prác­ti­ca­mente toda la dis­cusión. La vi por C5N, online, mirando cada tanto los men­sajes que se iban poste­ando en el chat de la trans­misión. Me pre­gunt­aba cuán­tos de esos men­sajes eran reales, cuán­tos sólo para pro­mover el con­flicto y que la gente sigu­iera escri­bi­endo. Había men­sajes que parecían toma­dos de la Santa Inquisi­ción por su nivel de violencia.

En el Senado, los rep­re­sen­tantes del pueblo se mostra­ban, en mi expe­ri­en­cia por primera vez, sin más­caras. El debate implic­aba val­ores y creen­cias per­son­ales muy pro­fun­das que iban más allá de la leal­tad par­tidaria. Muchos deben haber hablado con sin­ceri­dad por primera ocasión en mucho tiempo. Y salió, entonces, lo mejor y lo peor de cada uno.  Cuando ter­minó la sesión alrede­dor de las 4am del día jueves (la dis­cusión habíase ini­ci­ado tem­prano a la tarde del miér­coles) y el dic­ta­men fue pos­i­tivo, sentí que había pres­en­ci­ado un momento histórico.

Meses después, el día que fal­l­e­ció Nés­tor Kirch­ner, recor­riendo la Plaza de Mayo esa noche (llena de gente con ban­deras y sin ellas), conocí a Rodolfo Cesatti. Yo estaba preparando cues­tiones para comen­zar el rodaje de mi primer doc­u­men­tal, para el cual estaría tra­ba­jando solo, y and­aba bus­cando opciones de audio. Por una de esas casu­al­i­dades, vi a Rodolfo con Juan Gar­cía Lewin, su camaró­grafo y cóm­plice de aven­turas cin­e­matográ­fi­cas, haciendo unas entre­vis­tas con un equipo sim­i­lar al cual yo estaría uti­lizando (en mi ver­sión, más modesto). En resumen, me acerqué por curiosi­dad y para pre­gun­tarle por micrófonos.

Ter­miné alquilán­dole equipos y, en esas char­las breves, a las cor­ri­das, pla­gadas de aso­ciación libre, comen­tario de anéc­do­tas y sug­eren­cias, siem­pre se cola­ban las del doc­u­men­tal en el que Cesatti venía tra­ba­jando desde allá lejos y hace tiempo, el de la Agru­pación Putos Peronistas.

Ser Políti­ca­mente Cor­recto es falso, es hipócrita. Es la dis­crim­i­nación ele­gante, fash­ion. No es que dejes de pen­sar que el villero es un negro de mierda, que el puto es un enfermo, que el boli­viano es pobre y de una raza infe­rior (Domingo Faustino Sarmiento dixit), que los judíos mataron a Jesús o que pre­tenden dom­i­nar el mundo… sólo que no lo digas en voz alta. Se suele escuchar que el estilo kirch­ner­ista de los últi­mos ocho años pro­mueve la polar­ización, el enfrentamiento. Muchas veces yo mismo he dicho que creo que por momen­tos se abusa de ese recurso para pro­mover la dis­cusión activa. Lo cierto, es que esa polar­ización y ese enfrentamiento existían, no los inventó el kirch­ner­ismo, así como tam­poco lo exac­erbó. Sim­ple­mente, lo puso sobre el tapete, lo hizo visible.

Para el que quiera tener memo­ria, allá por el 2003 Mirtha Legrand, en un almuerzo en exclu­sivo con el mat­ri­mo­nio pres­i­den­cial, pre­guntó, como suele hacer ella, así como quien dice la cosa: “¿Vuelve el zur­daje?”. Aque­lla pre­gunta que en su momento, para algunos, quizás haya pare­cido una frase bruta más del per­son­aje Legrand, en real­i­dad dis­taba de ser inocente y tenía otro men­saje. Lo demostraron la rea­pari­ción en escena de la Sociedad Rural, la frase-amenaza de Eduardo Buzzi en 2008 (“Mostramos que podíamos desabaste­cer al país”), el car­de­nal Bergoglio diciendo que a la Ley de Mat­ri­mo­nio Igual­i­tario la envi­aba el demo­nio, la desin­ver­sión en edu­cación y salud pública por parte del gob­ierno macrista en Cap­i­tal Fed­eral, las múlti­ples denun­cias de tra­bajo esclavo que cier­tos sec­tores inten­tan min­i­mizar, los frenos a leyes sobre edu­cación sex­ual y despe­nal­ización del aborto, la reac­ción frente a la nueva Ley de Medios Audio­vi­suales que tiene el poten­cial de que­brar la hege­monía sobre el dominio de la infor­ma­ción que desde hace décadas poseen algu­nas empre­sas, el odio de muchos frente a la reaper­tura de los juicios a la última dic­tadura mil­i­tar y la dis­cusión sobre la par­tic­i­pación de ele­men­tos civiles y ecle­siás­ti­cos, etc, etc, etc…

Den­tro de esa ensal­ada, apare­cen los Putos Per­o­nistas. Y lo hacen en una época que viene de muchos años de con­sid­erar que la mil­i­tan­cia se mueve “por el pan­cho y la coca”. No es cuestión tam­poco de ser ingenuo y ahora decir que esa prác­tica no existe más, pero sí que con esa frase se tapa un fenó­meno real. Desde hace tiempo ya, que “el pan­cho y la coca” con­viven con una nueva y cre­ciente mil­i­tan­cia en todas las clases sociales. Y la mil­i­tan­cia bien enten­dida no es dócil y ser­vi­cial, sino que viene con debate, viene con con­tradic­ciones y con­flicto. No querer ver este fenó­meno, quizás, sea tran­quil­izador, porque implica pen­sar que nada va a cam­biar, ni para bien ni para mal. La ironía es que no querer que nada cam­bie es, en sí mismo, una posi­ción política y una forma de militancia…

Encon­trarme con el doc­u­men­tal de Cesatti, me mostró una arista más de la Ley de Mat­ri­mo­nio Igual­i­tario y de aquel debate en el Senado. Quizás la san­ción de esa ley haya sido ape­nas la punta del ice­berg, la de mostrar que, frente a ese dere­cho ahora adquirido, hay muchos otros todavía mucho más bási­cos que no. Y, den­tro de eso, otra vez aparece la lucha por las pal­abras… Los PP hacen que la puteada, en lugar de ser pro­hibida o negada, sim­ple­mente pierda su peso y se trans­forme en otra cosa. Si decirle a alguien que es puto, torta o trava (o cabeza, paragua, bolita, peru­ano chorro, negro vago) deja de sig­nificar algo malo e hiri­ente (mar­icón, machona, fenó­meno de circo, menos hom­bre, menos mujer, fal­la­dos, fra­ca­sos sociales, locas, enfer­mos y var­ios etc.), entonces, ¿qué lugar pasa a ocu­par esa palabra?

Entre­vista Rodolfo Cesatti, doc­u­men­tal­ista: Putos Per­o­nistas. 2da Parte

Entre­vista Rodolfo Cesatti, doc­u­men­tal­ista: Putos Per­o­nistas. 3ra Parte

 

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