Recuperando las butacas barriales

A comien­zos de este siglo, mien­tras se con­vertía en noti­cia que entre las décadas del ‘80 y del ‘90 habían cer­rado por difer­entes razones alrede­dor del 80% de las salas de cine de Buenos Aires, un colec­tivo de veci­nos — especí­fi­ca­mente, la Aso­ciación Ami­gos de la Avenida San Martín y el grupo La Muralla — ini­ciaba la aven­tura de recu­perar una que había sido sím­bolo del bar­rio de La Pater­nal: el cine-teatro Tar­icco. Después de años de insis­ten­cia, en 2004, el Tar­icco fue declar­ado Sitio de Interés Cul­tural; se lograba evi­tar que se lo demoliera o que se le realizaran trans­for­ma­ciones rad­i­cales. En 2005, se con­siguió que la leg­is­latura de la ciu­dad apro­bara una ley de expropiación, pero “pasan tres ejec­u­tivos, a falta de uno, y ninguno lo com­pra. Pasan tres años, y se cae la ley”, relata Nor­berto Zanzi, uno de los miem­bros del Grupo Tar­icco, que en 2011 tra­baja por la recu­peración del cine con­tin­uando lo que comenzó aquel primer colectivo.

El cine-teatro Tar­icco, con­stru­ido en la década del ‘20 por Luis Tar­icco y con capaci­dad para mil espec­ta­dores, cerró en la década del ‘60 y se podría decir que, de alguna man­era, la gente lo dejó ir. Donde alguna vez cantó Gardel o tocó Piaz­zolla, se puso un super­me­r­cado, el Min­i­max, cadena miem­bro de la familia de empre­sas pertenecientes a Nel­son Rock­e­feller, y que fue el obje­tivo de las Fuerzas Armadas Rev­olu­cionar­ias (FAR) en 1969 para man­i­fes­tar su repu­dio a la visita de don Nel­son durante el onga­ni­ato. Más ade­lante, el Min­i­max fue reem­plazado por otra cadena de super­me­r­ca­dos, esta vez perteneciente al Hogar Obrero, Super­coop. Pero a prin­ci­p­ios de los ‘90s el Hogar Obrero se con­vertía en una víc­tima más de las políti­cas del men­e­mismo y ahí sí, final­mente, lo que alguna vez había sido uno de los orgul­los del bar­rio se ter­minaba de con­ver­tir en un espa­cio abandonado.

En 2008, al pasar tres años de san­cionada la ley de expropiación, esta caducó al no haber sido eje­cu­tada por ninguno de los tres ejec­u­tivos que habían pasado desde 2005. Pero a esto se sumó otro prob­lema: la gente que había tra­ba­jado tanto se había ido dis­per­sando y tomó dos años más reunirse de nuevo de man­era sis­temática y con­for­mar lo que ahora lleva el nom­bre de Grupo Tar­icco. Lo pos­i­tivo fue que ese nuevo comienzo trajo un grupo más amplio y diverso (que incluye orga­ni­za­ciones veci­nales, ONGs, espa­cios cul­tur­ales y rep­re­senta­ciones de par­tidos políti­cos de col­ores var­ios) y con la con­cien­cia de que si con­siguen que alguno de los dos proyec­tos de ley que se están bus­cando inser­tar otra vez en la leg­is­latura pros­pere, esta vez van a per­si­s­tir hasta ver hechos concretos.

Todo esto se hace a pul­món”, dice Zanzi. Tam­bién, como es el común denom­i­nador en proyec­tos de este tipo, lle­van ade­lante acciones en la calle: “vino (José) Piazza, que es un solista del Teatro Colón, vino (Osvaldo) Bayer, vino un grupo calle­jero de Reg­gae… bueno, como si estu­viéramos aden­tro, pero afuera”. Hasta hay descen­di­entes de Tar­icco que son parte del Grupo y apoyan la ini­cia­tiva — en cuanto al tema de los herederos, si bien no obsta­c­ulizaría la expropiación, la suce­sión no está definida ni clara -.

Pen­sando hacia delante, Zanzi remarca que “lo que quer­e­mos son dos cosas: que llegue la cul­tura en gen­eral al bar­rio y la cul­tura enten­dida para el bar­rio y para lo que le interesa al bar­rio”. Por eso, en el Grupo Tar­icco apun­tan a con­seguir “que se pase a la gestión de la comuna, y que la comisión que lo maneje sea de veci­nos elegi­dos de cada ONG, de cada uno de los gru­pos, que son los medios de comu­ni­cación bar­ri­ales, escue­las, coop­er­a­ti­vas esco­lares, cen­tros cul­tur­ales, teatros…”.

En cualquier caso, el Tar­icco no es un caso ais­lado, sino que es parte de una lista cre­ciente de bar­rios que bus­can la recu­peración de sus cines entiendién­do­los como parte de su iden­ti­dad cul­tural, más allá de que Zanzi explica que por ahora les es difí­cil coor­di­nar acciones con­jun­tas. Lo que en el Grupo Tar­icco tienen claro después de la última vez es que, incluso si con­siguen que el tema de la ley avance, “ahora hay expe­ri­en­cia, y hay que seguir actuando”

Otras épicas en la ciudad

El Aconcagua (Villa Devoto) y el Gran Riva­davia (Flo­resta), que pertenecen a la misma dueña, están más avan­za­dos en sus pro­ce­sos que el Tar­icco. Con una prop­uesta sim­i­lar a la del Grupo Tar­icco en cuanto a la elab­o­ración de un cen­tro cul­tural con pri­or­i­dad para los artis­tas de la comuna, el Aconcagua está cerca de obtener la ley de expropiación. El Gran Riva­davia, por su parte, cer­rado desde 2004, apunta más a encon­trar una forma de nego­ciación que per­mita la reaper­tura del espa­cio inde­pen­di­en­te­mente de si es medi­ante expropiación por parte del gob­ierno de la ciu­dad o por otros medios o com­bi­na­ciones entre inver­siones públi­cas y pri­vadas; el obje­tivo, más que por una forma de gestión especí­fica pasa por recu­perar espec­ta­dores y un espa­cio cul­tural clave para el bar­rio. Ambos han sido declar­a­dos Sitios de Interés Cul­tural, lo mismo que los que se men­cio­nan a continuación.

El Arteplex Cabal­lito cerró sus puer­tas a fines de 2010, después de fun­cionar sin inter­rup­ciones desde su creación como Cine Moreno en 1946. A los pro­gra­madores del Arteplex les quisieron cua­dru­plicar el alquiler, no hubo nego­ciación y pasó a otorgársele el edi­fi­cio a una cadena de ropa deportiva (una más que se suma al área de Riva­davia y Acoyte). Desde entonces, los veci­nos vienen recla­mando por su pro­tec­ción y reapertura.

Ahora bien, el arqui­tecto Gabriel De Bella, de la agru­pación veci­nal Sal­var a Flo­resta que está detrás de la recu­peración del Gran Riva­davia — quienes, además, impul­san una mod­i­fi­cación al Código de Edi­fi­cación para pro­te­ger de man­era conc­reta a teatros y cines-teatro, como se suponía era el rol de la Ley Nacional 14800  -, agrega que la expropiación no es nece­sari­a­mente la solu­ción. Una ley aprobada, como des­cubrieron los del Tar­icco, no es una ley eje­cu­tada, e incluso si lo es, eso no sig­nifica que sea bajo las condi­ciones de gestión exigi­das por los veci­nos, como pudieron ver este año quienes lucharon por recu­perar el cine El Plata, en Mataderos.

El men­cionado El Plata fue reac­ti­vado durante 2011, pero no si antes atrav­esar un difí­cil camino digno de tener su propia película, la cual incluye haberse trans­for­mado en depósito de elec­trodomés­ti­cos en 1987, una expropiación en 2005, prome­sas incumpl­i­das luego, demo­li­ciones fla­grantes y con saña más ade­lante y una rein­au­gu­ración reciente que se espera no haya sido sólo para la foto. Actual­mente, parte del cine volvió a tra­ba­jar, pero la ciu­dad decidió retener la gestión, curiosa­mente bajo la órbita de la Direc­ción de Museos y sin que esté del todo claro cómo o cuánto de todas las obras que quedan habrán de completarse.

En todos los casos, se suele men­cionar el apoyo per­ma­nente que reciben los proyec­tos por parte del INCAA, que suele apor­tar mate­ri­ales y logís­tica, entre otras cosas, para los cic­los itin­er­antes que en más de un caso son parte de estas movidas.

Para con­tac­tar a Diego Braude, click­ear aquí

Print This Post Print This Post

Dejar un comentario

 

 

 

Se pueden usar tags de HTML

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

*

Archivos