
El cine-teatro Taricco, construido en la década del ‘20 por Luis Taricco y con capacidad para mil espectadores, cerró en la década del ‘60 y se podría decir que, de alguna manera, la gente lo dejó ir. Donde alguna vez cantó Gardel o tocó Piazzolla, se puso un supermercado, el Minimax, cadena miembro de la familia de empresas pertenecientes a Nelson Rockefeller, y que fue el objetivo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en 1969 para manifestar su repudio a la visita de don Nelson durante el onganiato. Más adelante, el Minimax fue reemplazado por otra cadena de supermercados, esta vez perteneciente al Hogar Obrero, Supercoop. Pero a principios de los ‘90s el Hogar Obrero se convertía en una víctima más de las políticas del menemismo y ahí sí, finalmente, lo que alguna vez había sido uno de los orgullos del barrio se terminaba de convertir en un espacio abandonado.
En 2008, al pasar tres años de sancionada la ley de expropiación, esta caducó al no haber sido ejecutada por ninguno de los tres ejecutivos que habían pasado desde 2005. Pero a esto se sumó otro problema: la gente que había trabajado tanto se había ido dispersando y tomó dos años más reunirse de nuevo de manera sistemática y conformar lo que ahora lleva el nombre de Grupo Taricco. Lo positivo fue que ese nuevo comienzo trajo un grupo más amplio y diverso (que incluye organizaciones vecinales, ONGs, espacios culturales y representaciones de partidos políticos de colores varios) y con la conciencia de que si consiguen que alguno de los dos proyectos de ley que se están buscando insertar otra vez en la legislatura prospere, esta vez van a persistir hasta ver hechos concretos.
“Todo esto se hace a pulmón”, dice Zanzi. También, como es el común denominador en proyectos de este tipo, llevan adelante acciones en la calle: “vino (José) Piazza, que es un solista del Teatro Colón, vino (Osvaldo) Bayer, vino un grupo callejero de Reggae… bueno, como si estuviéramos adentro, pero afuera”. Hasta hay descendientes de Taricco que son parte del Grupo y apoyan la iniciativa — en cuanto al tema de los herederos, si bien no obstaculizaría la expropiación, la sucesión no está definida ni clara -.
Pensando hacia delante, Zanzi remarca que “lo que queremos son dos cosas: que llegue la cultura en general al barrio y la cultura entendida para el barrio y para lo que le interesa al barrio”. Por eso, en el Grupo Taricco apuntan a conseguir “que se pase a la gestión de la comuna, y que la comisión que lo maneje sea de vecinos elegidos de cada ONG, de cada uno de los grupos, que son los medios de comunicación barriales, escuelas, cooperativas escolares, centros culturales, teatros…”.
En cualquier caso, el Taricco no es un caso aislado, sino que es parte de una lista creciente de barrios que buscan la recuperación de sus cines entiendiéndolos como parte de su identidad cultural, más allá de que Zanzi explica que por ahora les es difícil coordinar acciones conjuntas. Lo que en el Grupo Taricco tienen claro después de la última vez es que, incluso si consiguen que el tema de la ley avance, “ahora hay experiencia, y hay que seguir actuando”
Otras épicas en la ciudad
El Aconcagua (Villa Devoto) y el Gran Rivadavia (Floresta), que pertenecen a la misma dueña, están más avanzados en sus procesos que el Taricco. Con una propuesta similar a la del Grupo Taricco en cuanto a la elaboración de un centro cultural con prioridad para los artistas de la comuna, el Aconcagua está cerca de obtener la ley de expropiación. El Gran Rivadavia, por su parte, cerrado desde 2004, apunta más a encontrar una forma de negociación que permita la reapertura del espacio independientemente de si es mediante expropiación por parte del gobierno de la ciudad o por otros medios o combinaciones entre inversiones públicas y privadas; el objetivo, más que por una forma de gestión específica pasa por recuperar espectadores y un espacio cultural clave para el barrio. Ambos han sido declarados Sitios de Interés Cultural, lo mismo que los que se mencionan a continuación.
El Arteplex Caballito cerró sus puertas a fines de 2010, después de funcionar sin interrupciones desde su creación como Cine Moreno en 1946. A los programadores del Arteplex les quisieron cuadruplicar el alquiler, no hubo negociación y pasó a otorgársele el edificio a una cadena de ropa deportiva (una más que se suma al área de Rivadavia y Acoyte). Desde entonces, los vecinos vienen reclamando por su protección y reapertura.
Ahora bien, el arquitecto Gabriel De Bella, de la agrupación vecinal Salvar a Floresta que está detrás de la recuperación del Gran Rivadavia — quienes, además, impulsan una modificación al Código de Edificación para proteger de manera concreta a teatros y cines-teatro, como se suponía era el rol de la Ley Nacional 14800 -, agrega que la expropiación no es necesariamente la solución. Una ley aprobada, como descubrieron los del Taricco, no es una ley ejecutada, e incluso si lo es, eso no significa que sea bajo las condiciones de gestión exigidas por los vecinos, como pudieron ver este año quienes lucharon por recuperar el cine El Plata, en Mataderos.
El mencionado El Plata fue reactivado durante 2011, pero no si antes atravesar un difícil camino digno de tener su propia película, la cual incluye haberse transformado en depósito de electrodomésticos en 1987, una expropiación en 2005, promesas incumplidas luego, demoliciones flagrantes y con saña más adelante y una reinauguración reciente que se espera no haya sido sólo para la foto. Actualmente, parte del cine volvió a trabajar, pero la ciudad decidió retener la gestión, curiosamente bajo la órbita de la Dirección de Museos y sin que esté del todo claro cómo o cuánto de todas las obras que quedan habrán de completarse.
En todos los casos, se suele mencionar el apoyo permanente que reciben los proyectos por parte del INCAA, que suele aportar materiales y logística, entre otras cosas, para los ciclos itinerantes que en más de un caso son parte de estas movidas.
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