Orden y Progreso. Segunda parte

Entre­vista a Ulises de la Orden, direc­tor del doc­u­men­tal “Tierra adentro”

A fines de los ‘70s, Fran­cis Ford Cop­pola emprendió la aven­tura de fil­mar “Apoc­a­lypse Now”. Lo que debía ser un rodaje de unos cua­tro meses, se trans­formó en una odisea de tres años en tier­ras cam­boy­anas. A poco de comen­zada la fil­mación, Cop­pola des­cubrió dos cosas: el final de su guión no servía y el actor pro­tagónico tam­poco, así que cam­bió a éste y buscó durante el resto del tra­bajo el epíl­ogo óptimo. Eso sería sólo el ini­cio de una andanada de prob­le­mas que incluirían la casi muerte de Mar­tin Sheen, la destruc­ción sis­temática de sets escenográ­fi­cos a manos de las inclemen­cias climáti­cas y un  Mar­lon Brando que no había leído el guión y tam­poco quería que lo fotografi­aran de cuerpo entero debido a su nuevo sobrepeso. Lit­eral­mente, la acu­mu­lación de obstácu­los llevó a Cop­pola — que, además, había puesto todo su cap­i­tal como garan­tía frente a los estu­dios que finan­cia­ban la película — al borde del sui­cidio, como mues­tra una ima­gen donde el direc­tor de El Padrino se apunta ¿jugue­t­on­a­mente? a la sien con un revólver; cada film es un viaje, hacia dónde nunca se sabe bien hasta el final.

En “Tierra aden­tro”, su último doc­u­men­tal, Ulises de la Orden sigue a sus pro­tag­o­nistas recor­riendo una trav­esía que atraviesa la Argentina y parte de Chile, sigu­iendo los pasos de descen­di­entes de los actores de la Con­quista del Desierto (descen­di­entes de las víc­ti­mas y de los vic­ti­mar­ios) yendo por los ter­ri­to­rios de lo que alguna vez fuera el Wallmapu. Todo rodaje tiene algo de épico y, por ende, de trans­for­mador. El creador que se com­pro­m­ete con su obra nunca sale igual que como entró en el tor­bellino, más allá del paso del tiempo es el con­tacto con lo humano, con las his­to­rias, la feli­ci­dad y los con­flic­tos. Para quien se embarca en estos via­jes no es tan fácil pegar el por­tazo, y lle­gar al final implica las más de las veces un apren­dizaje permanente.

Para Ulises de la Orden, el viaje suele implicar un largo camino. Dos, tres, cua­tro años o más de inves­ti­gación y con­tacto con gentes diver­sas anteceden a un pro­ceso de rodaje pre­ciso. Tran­scur­rida la instan­cia de desar­rollo, el direc­tor de “Río arriba” y “Tierra aden­tro” filma sus doc­u­men­tales en un lapso de dos meses, labu­rando a destajo. Como en todo doc­u­men­tal, no obstante, toda la búsqueda de pre­cisión no está exenta de encon­trarse con sor­pre­sas como que un pro­tag­o­nista haya fal­l­e­cido o que otro haya par­tido a pas­tar hasta próx­imo aviso y entonces haya que repro­gra­mar al vuelo e impro­visar para man­ten­erse en la senda. Para de la Orden, el pro­ceso es una com­ple­mentación de posi­ciones fijadas en el relato deseado y otras flex­i­bles, que se van amoldando a los hechos nuevos o impre­vis­tos que pueden apare­cer cuando se tra­baja con hechos y per­son­ajes vivos.

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