Érase una vez un inglés en Patagonia. Última parte

Entre­vista vía Skype a Fed­erico Palma, real­izador de la serie doc­u­men­tal “Piratas, Pas­tores e Inversores”

Uno de los temas que atraviesa “Piratas, Pas­tores e Inver­sores” es el de la pres­en­cia galesa en la Patag­o­nia y su cer­cana relación con los tehuelches habi­tantes de la zona.

Los gale­ses lle­garon a la Patag­o­nia allá por medi­a­dos del 1800 bus­cando for­jar una nueva his­to­ria, una propia que los man­tu­viera ale­ja­dos de la dom­i­nación inglesa y que les per­mi­tiera con­ser­var sus tradi­ciones y su lengua. Para la Argentina que recién ini­ciaba su pro­ceso de Orga­ni­zación Nacional — pos­te­rior a la pecu­liar der­rota del caudillo entr­erri­ano Justo José de Urquiza frente al porteño Bar­tolomé Mitre -, era una nueva chance para tomar la Patag­o­nia y opon­erle un movimiento pro­pio al que ya había ini­ci­ado Chile con su colo­nia de Punta Are­nas en 1840.

Sin embargo, la lle­gada de los gale­ses a estas tier­ras no fue de lo más pla­cen­tera. Arrib­a­ban a un ter­ri­to­rio descono­cido y con un clima y un paisaje notable­mente difer­entes al de las verdes lla­nuras a las que esta­ban acos­tum­bra­dos. Poco tiempo después, como si fuera poco, comen­z­aba lo que los paraguayos lla­man La Guerra Grande y que por estos lares suele cono­cerse como La Guerra del Paraguay o La Guerra de la Triple Alianza — que pro­dujo la cober­tura fotográ­fica local del evento bélico y tuvo al artista Cán­dido López refle­ján­dola mil­i­tar­mente desde sus cuadros — y durante la pres­i­den­cia de Domingo Faustino Sarmiento dejaron de enviárse­les víveres por dos años (hasta ese momento, el gob­ierno argentino les mand­aba un carga­mento periódicamente).

Los gale­ses sobre­vivieron y pros­per­aron gra­cias a la relación que desar­rol­laron con los tehuelches pre­sentes en la zona. Ambas cul­turan aprendieron a con­vivir y a estable­cer un sis­tema de inter­cam­bio y com­er­cio. De hecho, el conocimiento tehuelche del ter­reno resultó cru­cial para la super­viven­cia de los colonos celtas.

Sin embargo, al lle­gar la década del ’70, el gob­ierno argentino iría mod­i­f­i­cando su visión sobre la Patag­o­nia para incor­po­rarla a un proyecto de expan­sión de fron­teras. Julio Argentino Roca incluso estable­cería lo que se dio a lla­mar La Con­quista del Desierto como su plataforma de lan­za­miento para lle­gar poco tiempo después a la pres­i­den­cia. Para los indios, sig­nificó el exter­minio y la absor­ción por parte de un estado que no los con­sid­er­aba dig­nos de la condi­ción humana (por lo cual les ofre­ció un trato acorde).

David Williams, autor de “Entretelones y told­erías”, cuenta que “los gale­ses se opusieron a la lla­mada Cam­paña del Desierto. Se opusieron a la creación de un fuerte de sol­da­dos en las prox­im­i­dades de la Colo­nia– oposi­ción que ini­cial­mente tuvo éxito, pero para 1884 dicho fuerte se estaba cre­ando en el actual Cam­pa­mento Vil­le­gas. Protes­taron en 1883 con­tra los des­manes del ejército con­tra sus ami­gos– en carta al Gob­er­nador de la Patag­o­nia, Vin­ter, ver el libro de Lewis Jones-, y en 1888, ya final­izada la Cam­paña del Desierto, asistieron con hor­ror a la cap­tura de una tribu abori­gen, a la vio­lación de las mujeres –aún una menos de edad, de 14 años, por parte del Teniente Sil­veyra– y a la deportación de toda la inocente e inde­fensa tribu”.

El nacimiento de la “Argentina Mod­erna” habría de traer aún más vien­tos de cam­bio. Los gale­ses, ironías del des­tino para quienes habían lle­gado escapando de la corona británica, vieron con la expan­sión nacional la lle­gada en todo su esplen­dor del prin­ci­pal socio com­er­cial — tam­bién el de mayor influ­en­cia política — de las autori­dades del Río de la Plata: Inglaterra.

Para con­tac­tar a Diego Braude, click­ear aquí

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