Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

“La Funeraria”: Cortame despacio que estoy apurado
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Dramaturgia y Dirección: Bernardo Cappa, Martin Otero Intérpretes: Paolo Baseggio, María Cristina Blanco, Estefanía D’Ana, Sebastián Mogordoy, Fernanda Penas, Fabricio Rotella Asistencia general: Fernando De Rosa Prensa: Carolina Alfonso.
Finalizó Funciones 2007 -- Sportivo Teatral, Thames 1426, Teléfono: 4833-3585
Web: http://www.sportivoteatral.com.ar
El ritual del velorio y el funeral es parte de la tradición humana con respecto a sus muertos. En cada cultura, este paso adquiere distintas características, pero la esencia permanece; es una forma de relacionarse con la muerte y los muertos. Una de ellas, es desde el morbo.
En nuestra sociedad, una muerte, más allá de traer al primer plano el relato de una vida, trae la aparición de trámites, burocracia y a la funeraria. Morir, para los que sobreviven al finado, a veces toma más trabajo que nacer. Cuando se nace no hay sucesión, por ejemplo, ni el recién nacido tiene un honor que conservar. Además, el finado necesita, de ser enterrado, un terrenito propio en algún cementerio, lo que implica más gasto y más trámites. A un recién nacido se lo viste sencillito, a un finado hay que comprarle una urna o un ataud, y los hay de todos los precios y gustos. Morir, en definitiva, suele ser más burocrático que nacer. Pero la gente, así como no deja de nacer, tampoco deja de morir. Lo curioso es que, así como muchos no se preocupan demasiado por las condiciones del nacer, sí se preocupan por las de la manera de fallecer y el ritual inmediato posterior.
En algún pueblo medio perdido de la provincia, una funeraria familiar está en crisis. Paradojas del destino, no hay trabajo. Dos hermanos son los herederos del negocio; él, el businessman con una mano de palo, ella, la taxidermista de bizarro comportamiento, casada con un buscavidas a quien echan la culpa de la debacle del establecimiento y de la herencia paterna. A este lugar llega un cuerpo sin papeles, demasiado alto para los cajones que tienen disponibles. A este lugar llegan eventualmente sus familiares, que buscan esconder su deshonrosa muerte y mantener su memoria como la de una honrosa vida.
El conflicto tiene varias ramas, pero es simple: la razón de su muerte, el quiebre de la estabilidad familiar, el cuerpo que hay que hacer entrar donde no entra (así como hay que esconderlo para que no sea visto por otros ojos), hacer funcionar esta transacción como forma de mantener el negocio familiar a flote a pesar de todo.
La estructura tiene forma de cortometraje y comedia negra, apoyada en una trama que corre sobre los rieles de las situaciones que se van disparando (hagan la ecuación, por ejemplo: una (taxidermista extraña + un cuerpo largo) * un cajón pequeño de niño = X). De la misma manera, el espacio es trabajado como un gran plano secuencia, donde las puertas del fondo y del costado dan a sendos fuera de campo que acentúan la acción en el interior.
La instancia de la muerte actúa muchas veces como disparadora de conflictos reprimidos por mucho tiempo, es, curiosamente, un momento de liberación. Como es un lugar de suspensión, es también un espacio donde se abren las posibilidades a situaciones grotescas que en otro momento serían sólo tomadas como demenciales.
En esta familia que está dispuesta a todo por ocultar el cuerpo (de la deshonra) y esta otra familia, reflejo bizarro de la anterior, uno podría quizás encontrar similitudes con lo que podría ser un corto - versión más campechana – del director de cine español Alex de la Iglesia.
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12/10/2007 |