Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

"La Manchada": Todo siempre puede estar peor
por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Dirección: Christian García Intérpretes: Luciana Caruso, Pablo Chao, Mariano Gonzalez, Daniela Rico Artigas, Juan Martín Viale Prensa: Walter Duche, Alejandro Zárate. Teatro del Abasto, Humahuaca 3549, Teléfonos: 4865-0014 Web: http://www.teatrodelabasto.com Entrada: $ 20,00 - Funciones: Domingos - 20:30 hs
Hay que vender la casa y la propiedad. Un arquitecto es contratado. El hermano poco piola vive con su pareja en el campo que fuera del padre. El hermano piola viene de la ciudad, después de haber estado viajando. Llega con esposa nueva, una rubia gringa que habla en jeringoso.
La casa se cae de a pedazos, al punto que las medidas cambian de medición en medición. Pero hay que vender, a toda costa. Para los que viven ahí, es porque ya la pobreza se los come crudos. Como buenos argentinos, de todas maneras, inventan changas y futuros grandes éxitos de la economía producto del ingenio. Para los que llegan de afuera, es sacarse un fardo de encima, pero también ingresar un billete. El arquitecto mismo también tiene su idea de cómo triunfar. El fantaseo como alimento esencial incluso por encima de la comida, porque si vieran la realidad tal cual es… o, quizás, no pueden salir de ahí porque viven a la espera imaginaria del gran futuro que está al caer. Afuera, tras la puerta, no hay nada y está todo; la oscuridad en la cual puede construirse cualquier cosa o caer en el vacío.
En el plano del terreno hay una mancha. Una propiedad que no debería estar ahí para que la venta se concrete. Es la mancha que pone en crisis el relato lineal de los protagonistas (vendamos la propiedad), el obstáculo a superar. Pero, ¿qué ocurre si la mancha no sale, si está hablando de algo que los personajes no quieren o no pueden ver? ¿si es más que un obstáculo?
Hay que vender la casa y la propiedad. Dicotomía campo-ciudad. Familia disfuncional. Cuerpo exacerbado en la actuación. Personajes en un estado de crisis sin solución, que ya no esperan a Godot ni a nadie, y que deciden reírse lo más que puedan.
Digo, al mismo tiempo, pensando sobre la risa, que semejante necesidad de reír no parece casual...
Un pasado visto en clave hasta un punto romántica por los hermanos. No es exactamente un ideal ya, un tiempo paradisíaco al cual volver, sino, al menos, uno más tranquilo e inocente. O no.
La obra sólo puede avanzar mientras los personajes se engañan y continúan el juego. No importa si una mujer es una princesa histérica y la otra su exacto y salvaje opuesto, si un hermano se presenta algo tontuelo y el otro vivo de ciudad. La cuestión es mantener una ficción endeble para poder seguir, la de una hipotética venta que habrá de salvar a todos. Guay de lo que queda si la fantasía se acaba.
www.imaginacionatrapada.com.ar
1/10/2008