Fabricantes de tiempos mejores

1er Encuen­tro de la Red de Teatros Españoles de América. Entre­vista a Car­los Fil­ip­petti, pres­i­dente de la Aso­ciación Española de Socor­ros Mutuos de Azul, provin­cia de Buenos Aires

Segunda mitad del siglo XIX. En medio de una situación política todavía inestable, la economía de lo que ter­mi­nará de con­for­marse en las décadas que quedan como la República Argentina comienza su expan­sión. Buenos Aires y New York se con­vierten en los puer­tos más bus­ca­dos por los migrantes. En el primer caso, si bien lle­gan tam­bién irlan­deses, france­ses, pola­cos, rusos, ser­bios demás, los inmi­grantes son, prin­ci­pal­mente, españoles e ital­ianos. Están los que se quedan en Buenos Aires y aque­l­los que se van dis­tribuyendo por el ter­ri­to­rio. Se mul­ti­pli­can las nuevas ciu­dades fun­dadas ofi­cial­mente. Poco tiempo después de las fun­da­ciones, apare­cen las aso­cia­ciones de socorro mutuo; la necesi­dad nuclea. A su vez, al poco de crearse estas sociedades, se suele con­struir un teatro…

Antes que el club social y deportivo, existe el teatro. En el caso de los teatros españoles, al menos los dis­tribui­dos por la provin­cia de Buenos Aires, son pen­sa­dos para poner zarzue­las. Espa­cios que sue­len ser ocu­pa­dos por más de 500 espec­ta­dores, cuando no se los uti­liza tam­bién para situa­ciones que exce­den lo escénico (las buta­cas se remueven, el piso se lev­anta; abun­dan las fies­tas y oca­siones sociales). Al prin­ci­pio son de madera, por lo cual no es extraño que más de uno de ellos sufra un incen­dio. Fotos de fines del 1800 y de las primeras décadas del 1900 mues­tran ros­tros son­ri­entes, mucha gente. No sé cuán­tos de aque­l­los que apare­cen en las imá­genes sabían dónde venían cuando subieron al barco, o cuán­tos ya han nacido acá. Los inmi­grantes, los recién lle­ga­dos que, en muchos casos, vienen con una mano atrás y otra delante, pero con­struyen edi­fi­cios para durar.

El tiempo los con­vir­tió tam­bién en cines. En alguno, como el de Azul, todavía se con­ser­van los primeros proyectores.

Con­struí­dos para reunir a la comu­nidad no es, se me ocurre, extraño que su des­tino haya estado atado al de los lazos sociales. Cuando estos se que­braron, ellos tam­bién. De alrede­dor de 40 teatros españoles que se dice hay en la provin­cia de Buenos Aires, sólo unos pocos se habrían sal­vado real­mente o estarían cam­i­nando hacia la resurrección…

Como el caso del teatro de Azul, hay muchos otros, y en todos siem­pre hay un grupo de gente sin nexo aparente con las tablas. Sin embargo, algo los impulsa a dedicar una parte impor­tante de sus vidas a recon­struir estos espa­cios a pesar de todas las difi­cul­tades. Como cien años atrás, la his­to­ria no son los edi­fi­cios, sino ellos…


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