Una casa llena de recuerdos. 3ra Parte

Entre­vista a Susana Mitre, miem­bro del equipo de tra­bajo del ex Cen­tro de Deten­ción, Tor­tura y Exter­minio “Vir­rey Cevallos”

Hace un tiempo, fui a pres­en­ciar una de las audi­en­cias de la mega­causa ESMA. Ese día, se pre­senta­ban dos de los tes­ti­gos por la defensa, ambos lig­a­dos al ser­vi­cio de inteligen­cia de la Marina. En deter­mi­nado momento, durante el tes­ti­mo­nio del segundo de los tes­ti­gos, se pasó a cuarto inter­me­dio de quince min­u­tos. En la primera parte, el tes­tigo, un hom­bre mayor, se había mostrado rel­a­ti­va­mente solíc­ito, aunque per­iódica­mente respondía con un “No me acuerdo” ante pre­gun­tas que pudieran lle­varlo a rev­e­lar infor­ma­ción que com­plicara al acu­sado (cuando no a él mismo). Mien­tras duró el cuarto inter­me­dio, per­maneció solo en la sala, aparente­mente en calma.

Al retomar la sesión, su mirada había cam­bi­ado. Quizás hubiera sido el can­san­cio, la pre­sión, o vaya uno a saber qué. Pero comenzó a mirar a la querella de man­era dis­tinta y sus respues­tas fueron adquiriendo un tono más mar­cial, cuando no de cierta arro­gan­cia. Le molestaba, quizás, que el inter­roga­to­rio no finalizara, no lo sé. Ante las pre­gun­tas de la fis­calía, empezó a respon­der­les recordán­doles que ellos no entendían, entre otras cosas, de dis­ci­plina mil­i­tar, haciendo hin­capié en su cal­i­dad de civiles. Even­tual­mente, el tes­tigo se dis­trajo en con­trade­cir a la fis­calía y ter­minó por demoler su pro­pio dis­curso, com­pli­cando más al acu­sado en lugar de lo contrario.

Ter­mi­nada la audi­en­cia, salí cam­i­nando en silen­cio, recor­dando la mirada sobradora del ex marino. Es hablar de tonos y miradas, pero son las que se repiten al hartazgo.

En otro juicio, este por la causa Orletti, una sem­ana antes de los ale­gatos fal­l­ecía Rubén Visuara (primer jefe del ex Cen­tro Clan­des­tino de Deten­ción, Tor­tura y Exter­minio cono­cido como Auto­mo­tores Orletti). Su abo­gado defen­sor no era otro que Bernardo Menén­dez, con­de­nado a per­petua en otra causa. Como la sen­ten­cia no estaba firma, se le per­mi­tió ofi­ciar como defensa de Visuara. Al fal­l­e­cer éste último, Menén­dez, primo del tam­bién repre­sor Luciano Ben­jamín Menén­dez, quedó apartado de la causa. No obstante, asis­tió a los ale­gatos… Se lo pudo ver rodeado por dos mujeres ele­gan­te­mente vesti­das que escuch­a­ban aten­tas los ale­gatos de la querella mien­tras se aferra­ban fuerte­mente cada una a un rosario. Menén­dez no daba mues­tras de nervio­sismo y hasta soltó alguna que otra son­risa. Mien­tras tanto, los abo­ga­dos de la querella seguían enu­merando las tor­turas y violaciones.

El nivel de impunidad con el que históri­ca­mente se mane­jaron los miem­bros de las Fuerzas Armadas (y sus pares civiles, cuyas respon­s­abil­i­dades de autoría o com­pli­ci­dad han sido invis­i­bi­lizadas con el cor­rer del tiempo), no es nuevo, y hay ejem­p­los muchos más alevosos y ofen­sivos que los que acabo de men­cionar. Estos son ape­nas un esbozo, una descrip­ción de gestos rel­a­ti­va­mente pequeños que apun­tan a un sen­timiento que todavía per­manece a 28 años de final­izada la última dic­tadura militar.

Uno puede retornar al ’76 y encon­trar en algunos autores la ref­er­en­cia elo­giosa y exal­tada al espíritu de gesta de la auto­procla­mada Rev­olu­ción Lib­er­ta­dora. Por supuesto, esas ref­er­en­cias igno­ran adrede el bom­bardeo a la Plaza de Mayo de ese mismo año 1955, que falla estrepi­tosa­mente en su supuesto obje­tivo de asesinar a Perón pero, casual­mente, le acierta a más de tre­scien­tas per­sonas que esta­ban en la calle. Y es que en la idea de gesta, lógi­ca­mente, hay cos­tos, los cuales los héroes tienen que estar dis­puestos a pagar para poder crear aque­llo que pre­tenden. Y en la noción de gesta, quizás, está la clave…

Las téc­ni­cas y las estrate­gias uti­lizadas por el Ter­ror­ismo de Estado se venían desar­rol­lado desde hacia unos veinte años, lo que se puede ver de man­era muy clara en el doc­u­men­tal “Los vue­los de la muerte. La Escuela Francesa”. Eran tác­ti­cas de guerra con­trar­rev­olu­cionaria, tam­bién cono­cida como Guerra Psi­cológ­ica. Ahora, como en todo, la tác­tica, la téc­nica, no son otra cosa que her­ramien­tas al ser­vi­cio de un objetivo.

En teatro, cuando a un actor le toca inter­pre­tar un per­son­aje des­pre­cia­ble, no fun­ciona si el actor sim­ple­mente lo con­struye como un ser mal­vado y destruc­tivo, sino que debe tener en cuenta obje­tivos, condi­cionamien­tos, deseos, incluso con­tradic­ciones. Si se opta por lo sim­plista, el per­son­aje carece de car­nadura, no vive, no fun­ciona. Y eso es porque la his­to­ria no es sim­ple ni romántica.

Com­batir a la guer­rilla, aniquilar a la subervsión, defender los val­ores occi­den­tales y cris­tianos pro­pios de nues­tra Patria, decían los líderes del gob­ierno mil­i­tar que se ini­ció el 24 de marzo de 1976. En la prác­tica, mataron, tor­tu­raron de man­eras inimag­in­ables, elim­i­naron, desa­parecieron (sin cuer­pos, falta la evi­den­cia del crimen, estrate­gia que fuera imple­men­tada ante­ri­or­mente por el nazismo), al tiempo que se imple­menta­ban políti­cas económi­cas que habrían de com­pltarse durante la década del ’90 ya por un gob­ierno democrático. El exper­i­mento había sido Tucumán, con el Oper­a­tivo Inde­pen­den­cia, en 1975, coman­dado por Anto­nio Bussi (sí, el que tam­bién fue gob­er­nador electo en 1995 de la provin­cia de Tucumán). La Triple A ya oper­aba desde 1973. Muchos veci­nos de quien escribe o quien lee esper­a­ban esa inter­ven­ción, ya quizás acos­tum­bra­dos a que cuando la cosa se ponía espesa, los mil­itares entra­ban en acción. Está pla­gado al día de hoy de quienes siguen diciendo que “habría que haber­los matado a todos”, o que “esto con los mil­itares no pasaba” o que “al menos con los mil­itares te sen­tías seguro”. Sin embargo, el nom­bre con el que se auto­ba­u­tiza esa gesta no es otro que Pro­ceso de Reor­ga­ni­zación Nacional.

Desde ya que el gob­ierno mil­i­tar no carecía de con­tradic­ciones y dis­putas inter­nas, más allá de que en gen­eral se lo recuerde como un bloque sin fisuras. Pero lo cru­cial sería esta idea de Reor­ga­ni­zación, de, quizás Refun­dación… y el antecedente no es la Lib­er­ta­dora, ni tam­poco la Rev­olu­ción de Mayo, sino el proyecto de la Gen­eración del ’80, época que incluso en el pre­sente muchos siguen año­rando como los años dora­dos. Aque­lla tam­bién había sido una suerte de refun­dación nacional bajo la égida de un proyecto que tenía como val­ores eje los de Orden y Pro­greso (orden social y pro­greso económico), repen­sando a su vez la propia noción de Patria. Ese plan requería de un dis­ci­plinamiento de la sociedad (en la cual tam­bién había un ene­migo interno que era el inmi­grante que traía con­sigo “ideas exóti­cas”), que se con­seguiría a través de diver­sos recur­sos, inclu­ido el uso de la vio­len­cia. El exter­minio de los pueb­los orig­i­nar­ios estaba lig­ado a una búsqueda de limpieza étnica, del reem­plazo de una raza con­sid­er­ada infe­rior por otra con­sid­er­ada supe­rior (y sólo basta recor­rer y hablar un poco con la gente hoy en día para ver que esa idea per­siste). La repre­sión de los movimien­tos obreros iba de la mano de ase­gu­rar la esta­bil­i­dad de un deter­mi­nado sta­tus quo, como evi­den­cian los hechos de las primeras dos décadas del siglo XX y que la Escuela de Cadetes de la ciu­dad de Buenos Aires se sigu­iera lla­mando hasta hace muy poco Ramón L. Fal­cón (en honor a su fun­dador, quien fuera tam­bién un cono­cido impul­sor de la mano dura hacia los sec­tores obreros).

A cien años del ini­cio de aquel épico proyecto de país, la dic­tadura mil­i­tar que dio sus primeros pasos en marzo de 1976, sigu­iendo esta lóg­ica, habría apun­tado no sólo a ase­gu­rar un mod­elo económico X, o deshac­erse mera­mente de sus poten­ciales ene­mi­gos, sino que habría apun­tado a un quiebre histórico, a insta­lar una nueva fun­dación de la nación. De ahí el nivel de masacre y de expan­sión en todas las direc­ciones. Por eso tam­bién el orgullo que mues­tran y su sen­sación de deuda que la sociedad tiene para con ellos, que se espar­ció por todas sus filas (como en toda gesta, no puede haber inocentes).

La impor­tan­cia de poder volver sobre el pasado y pro­fun­dizarlo, debatirlo, está lig­ado tam­bién a la con­struc­ción de un futuro deter­mi­nado. Pen­sar en gob­ier­nos buenos o malos en fun­ción de una efi­ca­cia y efi­cien­cia o de una cuestión de hon­esti­dad y casti­dad, es ver­los como si carecieran de inten­cional­i­dades o vol­un­tades, como si no tuvieran una visión del mundo y como si todas las acciones fueran equiv­a­lentes y lle­varan a lo mismo.

Una casa llena de recuer­dos. 1ra Parte

Una casa llena de recuer­dos. 2da Parte

Peri­odista, cámara, edi­ción: Diego Braude

Cámara: Canon Vixia HF S10

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